Yo confié.

Es aquello que te desgarra el pecho, es esa herida que de repente vuelve a sangrar, es la confianza traicionada, es la sensación de abrazar el filo de una espada. ¿Quién no lo ha vivido? La decepción.
Depositar lo más frágil de ti en las delicadas manos de alguien y que te deje caer, romperte en mil cristales en el suelo, que se te claven dentro, hacerte una herida de ti mismo.
¿Por qué cuando empiezas a cicatrizar parece como si jamás hubieras comenzado a sanar? Nadie tiene herramientas para dañarte, y solo cuando confias en alguien, tú le das armas para hacerlo, con la estúpida esperanza de que las use para no dejar que nadie te dañe, no para dañarte antes que nadie.

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